sábado 3 de diciembre de 2011

El oído de un recién nacido

Es capaz de distinguir sonidos desde el útero materno. Incluso reconoce la voz de la madre y una vez nacido reacciona ante sonidos que ha oído en el vientre.



Le sobresaltan los sonidos fuertes y repentinos y le desagradan los sonidos agudos. En cambio, disfruta con los sonidos suaves, rítmicos y repetitivos. Y no hablamos sólo de música sino de sonidos continuos como por ejemplo el ruido de la aspiradora o del secador del pelo.

Lo que más llama su atención son las voces de las personas de su entorno, especialmente la su madre, que es quien le cuida. Por cuestión de supervivencia, está programado para prestarle atención.

Le produce placer oir las palabras dulces de su madre, aunque los primeros días la función de mirar y escuchar va separada y aún no gira la cabeza hacia donde proviene la voz.

Los sentidos del recién nacido le permiten empezar a establecer una relación con las personas y con el entorno que le rodea, pero desde luego, lo que más estimula los sentidos del bebé es la cercanía de su madre, estar en contacto con ella el mayor tiempo posible y oir su voz.

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