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Upps, cuidado con la taza del inodoro

Del mismo modo que en el parque hay elementos hipnóticos para nuestros hijos, en casa vamos descubriendo que lo más insospechado se convierte en una manera divertida de pasar un rato. Como el agua del inodoro, que ejerce una irresistible atracción para los más pequeños.

Si no teníamos costumbre de cerrar la tapa del váter, seguramente con la llegada de los hijos al final ese hábito se ha impuesto. Y aunque esa nueva costumbre haya reconciliado a muchas parejas desavenidas por las típicas discusiones de por qué dejar la tapa abierta, no sirve demasiado para prevenir que nuestros hijos acaben metiendo las manos en el agua del inodoro o bañando en él a su muñeco favorito.

Y es que existen muchas variantes para convertir el agua del váter en un juego. Por supuesto, salpicar y chapotear hasta el infinito, lavarse las manos, meter la ropa como si fuera la lavadora, bañar a los muñecos… ¡Como para olvidarse alguna vez de tirar de la cadena!

También, como ya nos contó Armando en la guía no oficial de juguetes, la escobilla es uno de los objetos preferidos de los peques y la pueden emplear para dar lustre al váter por muy limpio que esté y luego repartir el agua por los alrededores, fregando o “limpiando” las paredes. ¡Bravo por los baños alicatados!

Cuando los niños empiezan a tener cierta autonomía para moverse por casa, sólo quieren descubrir y experimentar, imitar a los mayores… a su manera. Así que o cerramos las puertas de los baños o difícilmente evitaremos que acaben jugando con el agua del váter en algún u otro momento.

Seguramente, existirá algún artilugio para asegurar la tapa y que no la puedan abrir los niños, aunque de momento vamos controlando esas incursiones más o menos a tiempo… ¡Ni un segundo a solas!

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