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Algunos errores que se comente en la alimentación infantil


Relegar el desayuno

Más frecuentemente de lo que imaginamos se supone que el desayuno es una comida secundaria, y no se le presta la importancia que requiere. El desayuno es una comida fundamental, la primera de la jornada, la que “nos pone las pilas” e influye en la mañana, en el rendimiento físico e intelectual de las personas.
Si los pequeños hacen un buen desayuno, pasarán una buena mañana y crecerán más sanos, pues, entre otras cosas, se ha demostrado que los niños que no desayunan o que lo hacen mal sufren más caries o tienen un peor rendimiento escolar.

Abusar de cereales azucarados y/o chocolateados para el desayuno

En los últimos años han proliferado preparados a base de cereales que se presentan como“cereales de desayuno”. Se trata de copos elaborados a partir de distintos cereales (trigo, arroz, maíz) que se suelen tomar junto con la leche.
Pero a menudo, para hacerlos más apetecibles, van cubiertos de azúcar, miel o chocolate, con lo cual no son tan saludables como podíamos suponer. Esto aumenta de forma importante la cantidad de calorías sin aportar nutrientes esenciales. En caso de que lleven chocolate, aumenta aún más debido a que éste contiene mucha grasa.
Ya hemos visto algunos análisis que destacan el exceso de azúcares y grasas saturadas en la mayoría de los cereales comercializados. Es saludable tomar cereales sin aditivos. Y en el desayuno, lo más tradicional es el pan migado o las tostadas, muy sano y completo con un poco de aceite de oliva y jamón cocido.

No ofrecer verduras suficientes

Las verduras y hortalizas son tan importantes como la fruta para la alimentación infantil, sin embargo muchas veces olvidamos estos vegetales. Son una fuente inmejorable de nutrientes para toda la familia, con una rica variedad de vitaminas, minerales y mucha fibra. Deberíamos incluir verduras al menos en dos de las comidas a lo largo del día.
Las verduras preferiblemente pueden ser frescas, en ensalada, o cocinadas como guarnición, pero en cualquier caso han de estar presentes en los platos de la familia.

Pensar que no les gusta un alimento y “renunciar”

A los bebés les cuesta aceptar los nuevos sabores. Es lógico, pasan meses tomando leche y de repente empiezan a descubrir otros alimentos. La transición tiene que ser suave y paulatina, y sobre todo o debemos desesperar.
Muchas veces concluimos precipitadamente que los niños son “malos comedores”, pero lo que sucede es que no han tenido el tiempo suficiente para aceptar los nuevos alimentos. Muchas veces, a la décima va la vencida, y que empiecen a disfrutar con los nuevos alimentos es cuestión de paciencia.

No dejarles experimentar

Cuando el bebé está preparado para los nuevos alimentos, hemos de dejarle experimentar con los nuevos sabores. Dejar a su alcance frutas o verduras, que las cojan, que las huelan, las mordisqueen… Eso no quita para que, como decimos en el punto anterior, las rechacen, pero es normal al principio.
Lo que sería contraproducente es que, una vez detectados sus alimentos “favoritos”, no le demos otras cosas diferentes. De entre un abanico de sabores irán escogiendo sus favoritos, pero en la variedad y en no tener miedo a experimentar con lo nuevo se basa el disfrute de la comida y que no se ciñan a unos pocos alimentos en su dieta.

Obligar a que terminen el plato

En general, podemos permitir que los pequeños decidan cuánta cantidad comen. Nunca se les debe obligar a terminar una ración, ellos pronto aprenden a conocer sus límites. Su estómago es pequeño y hay que favorecer que reconozcan la sensación de saciedad para que no coman más de lo necesario.
A veces puede no apetecerles en un momento determinado cierto plato, pero podemos ofrecerles alternativas saludables. Si notamos una pérdida de apetito continua y notable, debemos consultar al pediatra.
En definitiva, esperamos que estos consejos os ayuden a no cometer los errores frecuentes en la alimentación infantil para disfrutar en familia de la buena mesa de un modo saludable.

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