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La dermatitis de contacto


La dermatitis de contacto (también conocida como irritativa) es un cuadro en el que la piel reacciona frente a una sustancia que entra en contacto con ella. Es un cuadro muy frecuente que puede verse a cualquier edad, pero que es más fácil de ver en niños pequeños y sobre todo en lactantes, ya que además de tener la piel más fina y sensible, puede producirse por sustancias como la saliva.

Esta alergia de los bebés puede verse a cualquier edad, aunque es más fácil de ver en los niños más pequeños. De hecho, una de las variedades más frecuentes y conocidas de la dermatitis de contacto es la dermatitis del pañal, muy típica de los lactantes.
Consiste en una respuesta de la piel que se produce como consecuencia del contacto, más o menos prolongado, con una sustancia que es la que desencadena el cuadro irritativo. Muchas veces la parte más complicada reside en localizar la sustancia que está produciendo el cuadro, ya que pueden ser muy variadas y además suelen ser de uso común, como jabones, cremas, el sudor o incluso la propia saliva del niño.

Causas

Parece que el origen de la dermatitis de contacto o irritativa es genético, es decir, se hereda de padres a hijos, siendo muy frecuente que haya personas en la familia que padecen o han padecido este frecuente cuadro. El mecanismo por el que se produce la dermatitis es una respuesta de tipo alérgica en la piel, que se genera al entrar en contacto con alguna de las sustancias que le producen la reacción.
Esta respuesta puede ser inmediata, pero a veces se puede demorar horas. Esto hace que en estos casos pueda ser muy complicado averiguar qué es lo que está produciendo la reacción en el niño.

Síntomas de la dermatitis de contacto

Cuando la piel del niño entra en contacto con las sustancias que le producen la irritación genera una reacción que puede manifestarse de varias formas. Lo habitual es la presencia de una lesión en forma de eccema, es decir, una mancha de color rojo intenso e inflamada, que puede picar o molestar. A veces esta zona puede estar acompañada de otras lesiones, como las pápulas (pequeñas sobreelevaciones de la piel) ó las vesículas (pequeñas lesiones de color más claro ya que contienen pequeñas cantidades de líquido).
El mayor riesgo de estas lesiones es que el niño se produzca sobreinfecciones por efecto del rascado, ya que suelen picar bastante.
En los lactantes es muy frecuente ver que la reacción se produce en la cara, por efecto de la saliva, o en las zonas de pliegues, como en el área del pañal. En los niños mayores pueden verse casi en cualquier sitio, aunque lo más frecuente son las manos.

Tratamiento

Lo más importante es eliminar el contacto con la sustancia que produce la reacción alérgica, aunque esto puede ser muy complicado. El hecho de que la reacción de la piel se pueda producir varias horas después del contacto con la sustancia a veces complica mucho saber cuál es la que se lo está produciendo.
En el caso de que se produzcan brotes agudos el niño se suele beneficiar del uso de compresas con agua fría, algunas cremas hidratantes suaves o incluso cremas con corticoides. En los casos más graves puede llegar a ser necesario que el niño tome corticoides incluso por vía oral. Cualquiera de estos tratamientos debe ser pautado siempre por el Pediatra.

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