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La transición a ser padres

¡Una vez iniciada la tarea de ser padres de familia, el bebé se convierte en el centro de atención. El bebé tiene que comer, dormir, ir al doctor, recibir visitas y aprender a convivir con los hermanitos.

Toda esta dinámica se desenvuelve simultáneamente, por lo cual vamos a necesitar tiempo para ajustarnos a estas nuevas experiencias. El esposo llega del trabajo y la madre espera que él tome “las riendas” para poder descansar. El padre aprende a manejar esta nueva personita, poniendo en ejecución roles que antes no conocía. Ahora encontramos a padres que saben cómo bañar al bebé, cambiarle el pañal, pasearlo, mejor dicho, hacer todo lo que una madre haría excepto amamantar. Es interesante que a la larga el papá se convierte en el promotor de la diversión.

Mamá cuida y da cariño, pero nada como papá, él es quien hace reír y sabe hacer “relajo”. En las reuniones de padres y madres de infantes, los temas de conversación reflejan los intereses de cada uno.

Las madres hablan de las compras, visitas médicas, cuánto duerme o come el bebé. En cambio, los padres con orgullo comparten las últimas hazañas de sus bebés, lo que hacen para entretenerlos y explican con detalle sus historias de “accidentes” al cambiar los pañales. Como verán ambos padres son importantes en esta labor de desarrollo, la crianza y el cuidado del bebé es el vínculo que los une y los mantiene.

Hay que atender las necesidades básicas del bebé y, poco a poco, se va formando una rutina. Una vez que conocemos las características, gustos y las cosas que no le agradan, empezamos a encontrar momentos libres para salir y hacer otras diligencias importantes.

Pueda que se tenga ayuda de las abuelas, las “prácticas”, las personas que trabajan en la casa, pero sino hay ayuda el hogar se puede convertir en un “territorio de desastre”.

Sabemos que es más importante cuidar al bebé, pero si no toleramos ese “campo de batalla” se eleva nuestro nivel de estrés, ya que no podemos cumplir con las exigencias del hogar y del bebé. Como consecuencia tenemos a una madre que acumula cansancio, obligaciones, eventos sociales que no puede atender, mala alimentación, falta de sueño y de ejercicios. No podemos dejar de mencionar el cuidado de los otros miembros de la casa, incluyendo a la mascota que también es afectada por el impacto de la transición.

Encontramos toda una gama de circunstancias, donde el común denominador es la falta de tiempo. Si la madre trabaja y está de licencia, la ansiedad de tener un tiempo limitado se vuelve una frustración. Muchas veces la licencia de maternidad se convierte en un espacio no solo para estar con el bebé sino para hacer todo lo que no se ha podido adelantar en casa.

Pensemos un momento en esta situación crítica y estresante. Imagínense en el siguiente escenario a un padre y una madre a las 5:00 p.m.: El padre agotado y trasnochado llega a casa con la fantasía de encontrar a su amada esposa, linda y elegante, la cena preparada con velas y música... a su vez la madre sueña con la entrada triunfal de su marido, con flores, con comida de su restaurante preferido acompañado de un rico postre. La realidad es que el marido encuentra la casa hecha un desastre y a su mujer agotada, tirada en un sillón, dándole de comer al bebé sin haberse dado un baño en todo el día.

Al darnos cuenta de nuestras expectativas y deseos, podemos meditar lo que estamos haciendo y tomar la decisión de organizarnos. Hay que hacer tiempo de alguna manera para poner en orden nuestras prioridades. La experiencia se torna más positiva cuando empezamos con pasos pequeños. Primero hay que hacer una lista de todo lo que desea hacer. Luego escoger tres puntos en los cuales se intentará enfocar cada día. Al ejecutarlos sentiremos que se han cumplido nuestras expectativas.




Si es importante para el esposo encontrar a su esposa tan bella como la conoció, entonces anticipar la llegada y tratar de que la presentación física sea de su agrado, dándole el amor que necesita. A su vez, el marido puede hacer una diferencia al cocinar una comida especial, traerle un “antojito” que sabe de antemano que le gustará o dejarle notas con palabras de cariño y aliento de que está haciendo una buena labor como madre. “Salimos esta noche” se dicen los esposos -aunque en la realidad no puedan-, tomen el tiempo para cenar juntos en el patio o el balcón con una vela aromática y música suave lo cual hará la mágica diferencia. Si bien es cierto que el bebé se convierte en el centro del universo de los padres, no debemos dejar de atender el amor del matrimonio. El mutuo apoyo servirá para que ambos se nutran y puedan funcionar como nuevos padres de familia y como un mejor matrimonio.

La próxima vez que tenga que regalar un obsequio por la llegada de un bebé considere lo siguiente: Mandar comidas ya preparadas a los nuevos padres durante los fines de semana, “certificados de tiempo” para ser “niñera” para que los padres puedan salir al cine (incluyendo los boletos) o para que la madre pueda dormir y el papá pueda ir a jugar un partido de baloncesto. Nunca está de más regalar pañales desechables porque se agotan en la primera semana y para terminar, podríamos ayudarles a hacer el supermercado.

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