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La Abuelitis

“Soy abuela, que emoción!” “No es por nada, pero mi nieto está bellísimo, sólo mírale esa nariz, igualito al abuelo Toño”, dice la señora María al recibir a su primer nieto en el hospital. La llegada de su nieto es tan especial como lo fue el matrimonio de su única hija.

Mejor dicho, no hay palabras para describir los sentimientos que se desbordan al ver al nuevo miembro de la familia. Si pudiésemos tener una fotografía de cómo se ven los abuelos en este preciso minuto verían a dos erguidos personajes de la realeza, orgullosos y llenos de alegría.

Es un momento de inspiración al ver físicamente al sucesor de sus esperanzas y sueños a través del nieto. Empieza la “abuelitis”.

Inmediatamente se preparan las abuelas para cuidar, asistir y ayudar a los nuevos padres de familia. La abuela María se va de inmediato a hacer compras de todo lo que hace falta al nieto. Busca las sabanitas y camisitas que usaron sus propios hijos, hasta encontró un traje típico para cuando el bebé tenga un par de meses. En casa, empieza a buscar fotos de la infancia de su esposo para mostrar el parecido entre su nieto y el abuelo. El abuelo muy contento se va al banco para abrirle una cuenta de ahorros al nieto y compartir la novedad con la gente.

Si antes se reunía a jugar con sus compañeros, ahora tiene la excusa de que es “abuelo”. Le compra su primer carrito y una pelota de baloncesto, hasta ya tiene vistos los juguetes para Navidad. Se toman muchas fotos y se hace un álbum para mostrar a sus amistades. El tema central de conversación es “mi nieto y mi nieto...”. Definitivamente que “abuelitis” da con ganas.
Así como el rol de los padres es de suma importancia, el rol de los abuelos tiene su valor dentro de la dinámica familiar. Los abuelos ya han pasado por esa situación, imagínense, la señora María y el señor Toño tuvieron seis hijos, qué más experiencia que esa.

Los abuelos se convierten en un puente de continuidad entre la nueva generación y el pasado. Es durante esta transición donde se pasan las tradiciones familiares que son indispensables en la cultura de la sociedad. En Panamá, tenemos muchas culturas y al valorar esas tradiciones estamos formando a un niño más completo. He aquí donde los valores familiares son fundados.

Sin embargo, los abuelos tienen que entender que si la hija se abstiene de consultarles en un momento dado es porque ella misma está envuelta en su propia batalla de independencia.

Es más se recomienda que los abuelos reserven sus opiniones a menos que se las pidan. Eso evita las fricciones entre los padres y los abuelos, que a su vez son inevitables por ser la “primera experiencia”. Pero si se va convertir el momento tan especial en una guerra muy incómoda, preferiblemente que los “abuelitos” tengan en cuenta ciertas normas de diplomacia:
1. Escuche las inquietudes y aconséjelos en caso de que se lo pidan. Sólo la presencia física en esos primeros días es un regalo muy grande.
2. Evite comparaciones: Mi hijo Ricardo dormía boca abajo toda la noche. Al comparar, el mensaje que se puede recibir es, “no lo estoy haciendo bien”. En cambio, no deje de animarlos de que están haciendo una buena labor.
3. Respete los sentimientos y las reglas de los nuevos padres. Es preferible que se hable con honestidad si hay diferencias. Lleguen a un acuerdo entre lo que los padres desean y de lo que los abuelos quieran opinar respecto a su nieto.

4. Lo que necesitan, tanto los abuelos como el nieto, es tener un espacio para darse tiempo y dedicación. Por ejemplo, cantarle canciones de cuna, compartir historias, leer un cuento, escuchar música mientras se pasea, aunque apenas tenga unas semanas de nacido.
5. Por último, den amor y mucho cariño. Muy probablemente cuando estaban criando a sus propios hijos no pudieron ofrecerles el tiempo que hubiesen querido. Que la “abuelitis” sea sinónimo de amor.

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